Incertidumbre, la ¿nueva? compañera

La geopolítica se está poniendo de moda y no hay congreso o jornada agroalimentaria que no la coloque en algún lugar de su programa. En poco tiempo hemos podido asistir a tres de estas manifestaciones; la última, la de los regantes del Altoaragón, que casi se asustan en Huesca con lo que les contó un experto del Real Instituto Elcano.

Lo común es que los ponentes no sepan mucho de agricultura y alimentación, más allá de lo que su viajera vida les enseña de aeropuerto en aeropuerto, pero no por ello deja de ser interesante lo que cuentan. Y casi todos coinciden en eso de la ruptura de las normas que han regido las relaciones internacionales en las últimas décadas; en la imprevisible actitud de los norteamericanos (con la aptitud ya nadie cuenta); la larga mano de China, que da la vuelta al globo, sobre todo por el hemisferio sur, aunque controlando mucho también por septentrión; el despiste de Europa, que no deja de ser un protectorado de EE. UU. según algunos; y esa ¿nueva? compañera lamada incertidumbre.

La incertidumbre es al comercio internacional lo mismo que el estrés (antes decían nervios) a la salud: cuando el médico no sabe qué te pasa, te dice que es estrés, aunque seas un jubilata que pasea al perro, compra la verdura y prepara la comida antes de dormirse en el sofá oyendo hablar de la crispación y la polarización.

Por eso, después de oír a los expertos diagnosticar incertidumbre y limitarse a prescribir prudencia y una exhaustiva observación del entorno, uno se pregunta si los regantes y labradores varios, así como sus vecinos pastores, sacan en limpio algo que no supieran y practicaran desde la cuna. Y es que el refranero está lleno de la sabiduría que falta en los centros de investigación, dicho esto con el máximo de los respetos a estos lugares, donde el trabajo es excelente casi siempre, pero incapaz, por naturaleza, de alcanzar con algoritmos y teorías lo que fluye imperceptiblemente por el sistema radicular de una profesión muy antigua.

Incertidumbre, dicen, a los que vienen de no saber nunca con qué agua contarán para regar sus huertas, qué mala hierba les hará blasfemar en arameo, si será año de buenos partos o a qué precio venderán la uva. El impredecible presidente de la nación más poderosa del mundo no puede ser peor que una pedregada o un vacío sanitario. Y si no fuera él el de la actitud errática, otro torpe blandiría el cetro de la imprevisibilidad, porque la incertidumbre tiene más hijos que San Luis haciéndole el trabajo sucio.

Dicho lo cual y antes de que esto torne en diatriba carpetovetónica, digamos que la incertidumbre ha de combatirse hasta donde se pueda, que cada día es más, precisamente, gracias a ese poderoso señor de nuestros días que llamamos DATO y que desde universidades y centros de investigación se está aprendiendo, y muy rápido, a adiestrar.

El dato es el gran aliado contra la incertidumbre, además de la prudencia y la observación, que es la proveedora principal de datos. Y también está de moda. Vinimos hace poco de Expo Agritech, un certamen en el que se habla de todo, pero especialmente de todo lo que se puede hacer con datos para minimizar la puñetera incertidumbre. Y esta misma semana no nos será posible ir a Datagri, como a tantos otros lugares y convocatorias centradas en la información que el sector agroalimentario necesita y el mejor modo de manejarla. Pero quede claro que la incertidumbre es cada vez menos peligrosa, aunque siga teniendo mandíbulas de acero.

Y frente al dato, la emoción, tan dispares en su naturaleza y tan relacionados y complementarios. Tan importantes ambos. Por eso la emoción ha inspirado otro certamen al que también fuimos: Exposagris. Sus impulsores no las tenían todas consigo, pues esta feria no gira en torno al comercio, sino a la reputación, un intangible que enamora poco a los mercaderes, pero que desde la Alianza para una Agricultura Sostenible (ALAS) han defendido panza arriba porque cavilan que el campo y la ciudad han de entenderse también, y quizá más que en ningún otro, en el terreno de la emoción. Falta mucho, pero la semilla está puesta. A ver si la incertidumbre no impide que germine.

Feliz peagrosemana.

Comparte esta entrada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Resumen de privacidad

Una cookie es un fichero que se descarga en su ordenador al acceder a determinadas páginas web. Las cookies permiten a una página web, entre otras cosas, almacenar y recuperar información sobre los hábitos de navegación de un usuario o de su equipo y, dependiendo de la información que contengan y de la forma en que utilice su equipo, pueden utilizarse para reconocer al usuario.

Este sitio web, al igual que la mayoría de los sitios en internet, utiliza cookies para mejorar y optimizar la experiencia del usuario.