Del espíritu del torrezno al paradigma de la desiberización

Esta semana, desde la tienda gurmé Doña Tomasa enviaban un correo advirtiendo de que no todos los torreznos son iguales. Dicho esto, con lo que no podemos estar en desacuerdo, el lector se preguntará qué razones hay para abrir esta Peagrosemana con una perogrullada semejante, que no sirve ni para competir en esa carrera destructiva del periodismo llamada clickbait.

Pero no, aquí no nos interesan los clics basados en estupideces, nos conformamos con nuestros cuatro visitantes entusiastas, esos que nos dejan mensajes animosos, de los que nos hacen sentir trascendentes durante unos minutos. Puestos a sabotear el buen periodismo, preferimos hacerlo con un buen torrezno delante y al estilo MAR, ese gran maestro de periodistas que ejerce por los despachos madrileños. Es decir, contando lo que nos apetece contar; eso sí, en nuestro caso, sin rebasar la línea roja de la perogrullada, que lo de poner y quitar gobiernos nos viene grande.

Y es que la nota de Doña Tomasa cayó en nuestras manos cuando estábamos contando a los cercanos que los torreznos son la crujiente esperanza de la humanidad, el tarro de las esencias mediterráneas, la barrita energética de los desasistidos y el crisol de las Españas, de esta Iberia confundida, desnortada y dubitativa, ignorante casi de su origen y condición.

Cuando todo se tambalea, incluida la propia concepción del ibérico, ahí está el torrezno, plantado como un roble, incólume, sin nadie que se atreva ni siquiera a mentar la frívola posibilidad de tocarle los meollos para hacerlo light. El futuro, si no es crujiente y cremoso al mismo tiempo, ¡para qué lo queremos!

¿Hay o no razones para apostar por el torrezno desde el periodismo de calidad? Sobre todo, cuando la duda, como decíamos, socava la propia sustancia de lo ibérico. Al mismo tiempo que Doña Tomasa nos daba su proverbial aviso, Cooperativas Agro-alimentarias de España (el guion lo ponen ellos, aquí somos agroalimentarios, sin tal) pedía al poder una “revisión integral de la norma de calidad del ibérico”, pues sostiene que, tal y como está redactada, “no refleja la realidad del sector, dificulta el trabajo de los operadores y limita su desarrollo transparente”.

Cuando se aprobó esta norma allá por 2014 ya dijimos en estas páginas que no iba a ser muy exitosa, que confundiría al consumidor y que todo no cabe en el mismo tarro. Seguimos pensando lo mismo, pero nos preguntamos si las cooperativas van por ahí o no, porque su manifiesto es tan ambiguo que puede servir tanto para iberizar como desiberizar.

Los que tengan una pata de ibérico en la cocina, quizá estén al tanto de la polémica surgida tras el cambio de normativa interna en Guijuelo, que no ha gustado nada en Los Pedroches, Jabugo y Dehesa de Extremadura, sin ir más lejos (ver Agronegocios, 831). A los que no puedan permitírsela les diremos brevemente que en la denominación de origen salmantina se va a permitir ofrecer productos ibéricos con solo un 50 % de componente de raza ibérica.

¿Eso es bueno o malo para la imagen de estas emblemáticas viandas? Esta es la cuestión en la que las cooperativas parecen querer terciar. Nos tendrán que decir en qué sentido, pero cuando afirman eso de que la estructura empresarial y social del sector ibérico ha cambiado de forma significativa y también las necesidades comerciales y de las personas consumidoras, el olfato nos hace temer que el incólume espíritu del torrezno no inspira estos asertos.

Pensemos, pues, durante un momento, en las “necesidades de las personas consumidoras”, que ya no son solo alimenticias, aunque todavía haya que encontrar a un importante sector de la población en eso que llaman colas del hambre y que solo la posibilidad de citarlas debería avergonzarnos.

Cuando los consumidores piden un giro de tuerca, lo que hacen con cierta insistencia, no es hacia la desiberización y todo lo que este paradigma pueda suscitarnos, sino todo lo contrario. Las exigencias, valga la redundancia, son muy exigentes, cada día mayores y enemigas de lo ya vamos conociendo genéricamente como flexibilidad, que no es más que una manera suave de decir marcha atrás. Y las exigencias inspiran y provocan artículos como el que también esta semana publicaba Juan José Millás en un porrón de periódicos bajo el título de Tristeza y glifosato.

Millás tiene una nada desdeñable capacidad de influencia en el público y en su escrito habla de “cóctel de pesticidas”, niños como “pequeñas depuradoras móviles del sistema agroalimentario”, de un país que “se purifica un poco a través de las vejigas infantiles”“Todo es química medida en porcentajes”, añade; pepinos “como si fueran diseñados por una empresa sin alma que los fabrica en serie”. “El problema es que llamemos a esas cantidades de veneno niveles dentro de lo permitido”, concluye.

Podemos indignarnos, denunciar estas hipérboles, combatirlas con otras razones o poner querellas, pero lo que el sector agroalimentario no puede permitirse es alimentarlas con el paradigma de la desiberización. El alimento es el mensaje, y lo que se haga con los alimentos, más allá de lo que se diga que se hace, es lo que va a influir en el consumidor o hacer callar a voces tan influyentes como la de este escritor.

Manejar la complejidad que hay en esto no es fácil, por eso hay que tener muy presente y valorar en su trascendental medida la iniciativa de la Asociación de Periodistas Agroalimentarios de España de crear un título de experto en comunicación agroalimentaria. Precisamente esta semana anunciaban APAE y la Universidad de Córdoba la apertura del plazo de preinscripción para la próxima edición, que comenzará en enero. Las organizaciones del sector les harían bien en echar un vistazo al programa.

Que tengáis una crujiente y cremosa peagrosemana.

 

Comparte esta entrada

2 comentarios en “Del espíritu del torrezno al paradigma de la desiberización”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Resumen de privacidad

Una cookie es un fichero que se descarga en su ordenador al acceder a determinadas páginas web. Las cookies permiten a una página web, entre otras cosas, almacenar y recuperar información sobre los hábitos de navegación de un usuario o de su equipo y, dependiendo de la información que contengan y de la forma en que utilice su equipo, pueden utilizarse para reconocer al usuario.

Este sitio web, al igual que la mayoría de los sitios en internet, utiliza cookies para mejorar y optimizar la experiencia del usuario.