Juventud, divino tesoro, salvo para ser agricultor

Juventud, divino tesoro / ya te vas para no volver / la del agricultor se ha ido / sin saber si alguna vez fue. Con permiso de Rubén Darío reescribimos hoy sus famosos versos. Podría ser para acordarnos de los agricultores mayores que no saben si alguna vez fueron jóvenes y que ahora, por falta del que debería ser su relevo, siguen exprimiendo el tuétano de sus maltrechos huesos.

Pero traemos al poeta, más bien, para pensar en esos jóvenes que podrían tener un futuro ligado a la que para Cicerón era la ocupación más digna que cualquier hombre libre pudiera tener. Aunque, como bien sabemos, elegir esta profesión es un ejercicio de libertad muy constreñida. Si no vienes de estirpe agraria y tus antepasados han dejado una finca libre de cargas y con aperos, mal lo tienes. Y si tu linaje ha abierto surcos en la tierra y en la piel, probablemente será tu padre el que te mande a un despacho con calefacción y horarios y se guarde las ayudas de la PAC para complementar la jubilación cuando ya no pueda subir al tractor (aunque esto puede tener los días contados).

En resumen: juventud, divino tesoro, salvo que quieras ser agricultor. En este caso, de poco sirve el reservorio de energía e ilusiones en el que te has convertido. Dicho lo cual, informemos, por si acaso, de que esta semana la Comisión Europea ha presentado una estrategia específica para favorecer el relevo generacional, con varias iniciativas destinadas a desconstreñir esa libertad de ser agricultor o agricultora.

Como es habitual, en el sector estos anuncios se reciben con la misma proporción de alegría y escepticismo, cuando no con más del segundo que de la primera. La estrategia se quedará en meras palabras si no se ponen medios suficientes, según avisan las organizaciones agrarias y de cooperativas europeas. Lo habitual.

¿Y qué son medios? No solo dinero, también políticas adecuadas. Como muy bien apunta el exconsejero de Agricultura de Aragón Joaquín Olona (ver el número 830 de Agronegocios o su propio blog), ¿de qué sirve apoyar la incorporación de los jóvenes a la profesión si no se apoya el modelo agrario al que se incorporan? Tómese en serio pues, el ministro Planas, esa ley de agricultura familiar en la que tiene trabajando a su equipo. Como salga igual de desdibujada que otras, de poco servirá a los jóvenes y a un modelo de agricultura que agoniza y sobre el que, a estas alturas, muchos se preguntan si tiene de verdad futuro.

Y en la otra cara de la moneda está la mujer, otro relevo-incorporación de amplio uso retórico y poca praxis, por muchas jornadas, premios y notas de prensa que se organicen y emitan en su nombre.

Cooperativas Agro-alimentarias de España nos helaba la mirada esta misma semana con su boletín informativo. En la foto, una escena de la concesión del premio honorífico de Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales. En la escena, dos hombres y dos mujeres tras la entrega del correspondiente reconocimiento a las mujeres de las cooperativas agrarias. En el centro, los dos hombres; uno, el que entregaba la acreditación y otro el que la exhibía con orgullo cooperativo. En los flancos, dos mujeres, se supone que en representación de las premiadas, no como adorno. Qué buena ocasión (perdida) para haber dado un paso al lado y que la imagen fuera el reflejo de una realidad distinta

El campo es escéptico, pero también una bomba de recarga para el escepticismo. ¿Cómo nos vamos a creer la apuesta de las cooperativas por las mujeres si no les dejan el sitio que merecen ni en las fotos? Menos actos de exaltación y más reuniones de juntas directivas a las horas en que estas pueden asistir, por favor. Que no todo depende del montante que Europa esté dispuesto a mandar. En este caso, la voluntad es mucho más valiosa que el dinero. Y la imagen de marras no debería desmentir esa voluntad.

Juventud, divino tesoro / ya te vas para no volver / si mujer, tu palabra es oro / salvo que haya otro menester.

Y mientras en el campo las ferias ganaderas iban cayendo a los pies de enfermedades más o menos esperadas y suspendiendo citas, el gran cónclave de la industria y la distribución tenía lugar en Valencia de la mano de Aecoc para proclamar que pagar impuestos “es una cosa muy buena y muy sana”, lo que, dicho por el rey Midas de la distribución alimentaria, es alentador e incluso esperanzador, más allá de escepticismos, para los jóvenes que cuentan con poder hacerse agricultores o, simplemente, salir de casa de los padres para llevar una vida propia.

Los empresarios piensan (y no les falta parte de razón) que la bonanza económica española se debe a ellos y al comportamiento de la sociedad civil y no al contexto internacional, cuyas normas han saltado por los aires, ni al nacional, con una clase política ocupada en la erupción gutural continuada. Y quieren que con sus impuestos (y los de los demás, claro) se trabaje para aumentar la población activa, mejorar la cualificación de los trabajadores, incrementar “con urgencia” el bajo nivel de productividad” y atacar, “de una vez por todas”, un absentismo que valoran en 33 000 millones de euros anuales. ¡Menudo plan agrojoven se podría hacer!

Juventud, divino tesoro / si los impuestos alcanzan / no te faltará esperanza / ni en el agro acomodo.

Feliz peagrosemana.

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