Los argumentarios son esos documentos que en comunicación se utilizan para apuntalar las ideas clave que un portavoz debe tener claras y emitir cuando la prensa le pone la alcachofa delante. El objetivo es que no diga lo que no debe decir, que diga lo que la organización establece que debe de decir y que, además, lo haga ofreciendo titulares llamativos ante los que un periodista no pueda resistirse.
Es fácil detectar cuándo unas declaraciones surgen de un argumentario porque el portavoz las utiliza hasta la saciedad, incluso con riesgo de perder su personalidad (cosa muy importante en un líder, pensábamos). También porque, cuando hay varios portavoces (léase secretario general de un partido en distintos territorios, por ejemplo), todos dicen lo mismo de manera acrítica, sin caer en que en algún ámbito concreto esa idea puede no ser la más adecuada o puede que no se entienda. Y, asimismo, porque en esa búsqueda de El Dorado en forma de titular, los argumentarios se cargan de hipérboles, exabruptos, groserías, paletadas, insultos y mentiras que los portavoces repiten con abundante desgaste de su legitimidad y aprecio público, lo que todo el mundo percibe menos ellos y sus asesores.
La prensa no sale mejor parada al ejercer rápido y glotón consumo de lindezas impropias de gente que se supone versada en separar grano y paja, pero ya saben los elaboradores de argumentarios soeces (también hay argumentarios de fino trazo profesional) que la hambre es mucho mala.
Así se llenan los noticiarios de frases que buscando impactar… quizá lo consiguen. Como cuando capitostes de Valencia Murcia y Andalucía tachan de insolidarios a los agricultores castellano-manchegos y de otros lares por querer regar con un agua que les pasa por la puerta. “Política de sequía” llama el argumentario del sureste a lo que hace el Gobierno central con el reparto del líquido elemento, hecho, al parecer, para castigar y arruinar a los que no le bailan, mira por dónde, el agua
De origen sureño es también el argumentario que acusaba la semana pasada a Ecologistas en Acción de “criminalizar” a la agricultura. Es este un verbo que gusta últimamente mucho. Cada día hay más gente que se siente “criminalizada” en cuanto se le roza un poco la epidermis. Y, hombre, no es que los ecologistas no se pasen de frenada de vez en cuando, pero de ahí a criminalizar… Es como cuando se les dice fascistas a sencillas gentes de derechas o comunistas demoníacos a los de la otra acera. Banalizaciones del leguaje que luego traen lo que traen.
Fíjate si se pasan de vez en cuando los ecologistas que en el argumentario de WWF se tilda de “terrible revés para la naturaleza” (¿hecatombe, quizás?) que el Parlamento Europeo haya rebajado (que no eliminado) la protección del lobo. Lo más gracioso en este caso es que la organización señala que esto es un “golpe a las políticas basadas en la ciencia”. ¿Os suena? Eso es: lo mismo que esgrimen desde el lado no naturalista cuando se aprueban normas medioambientales: ¡esto es ideología, no ciencia!, braman algunos. Vamos, jauja para los asesores de comunicación, que pueden trabajar para unos u otros sin cambiar de argumento, solo el logotipo.

Claro, si vamos de lobos, exageraciones tiene que haber, que para eso encarna este bicho nuestro miedo atávico a no se sabe qué. “Día histórico para el campo europeo”, dicen en Asaja cuando se refieren a la jornada en la que el Parlamento se manifestó. Como si este fuera el gran problema del campo. O España reacciona, añaden en el sindicato, o será una “traición” al mundo rural. Un mundo donde, por cierto, el lobo tiene cada día más amigos, muy radicales también algunos.
Porque de esto parecen ir los argumentarios, de buscar el lado radical de la vida para justificar el radicalismo que ejercemos por nuestra cuenta. Ahora sé por qué los argumentarios que he hecho yo han tenido tan poco recorrido, eran como pedicos de monja.




Muy de acuerdo. Lo que no sé es de donde viene el nombre, porque los argumentarios no suelen incluir argumentos sino consignas y, casi siempre, extremadas.
Saludos.
Un buen argumentario se centra en lo que preocupa al público y da respuestas, argumentadas, a esa preocupación. Generalmente busca ofrecer información y, con esta, generar tranquilidad, no soliviantar al personal. Pero así son las cosas en algunos ámbitos, sobre todo, políticos.