A fumar, a las eras

Andaba el que firma por Extremadura la semana pasada. El objetivo: comprobar los estragos del fuego en uno de los municipios más castigados este verano. Penoso, en el próximo número de Agronegocios cuento lo que vi y lo que me contaron a mí.

Los días eran veraniegos, pero las tardes tenían ya ese languidecer sensual del otoño. El que te lleva, sí o sí, a terminar la jornada en una bendita terraza de las que hacen la vida más tolerable en estas Españas de la crispación. Habría que hacer un pleno del Congreso en una terraza a ver si a sus señorías se les bajaba la mala baba. Aunque… mejor reservarnos las terrazas como islas de biodiversidad ciudadana, sin subvención ni nada, cada mosquito a lo suyo y ya está.

En fin, a lo que iba. Estaba yo en la terraza, con mi vínico tinto del lugar, mi libro y esperando una ración de morro cacereño cuando me vino una incómoda vaporada de tabaco. Aunque me resigné, como casi siempre, a tomar en paz mi dosis de fumador pasivo, la señora del cigarro algo debió notar y, con la educación que haría innecesarias las leyes, se salió a los márgenes a fumar, ella sola, en su paz. Todo perfecto si el mismo camarero que me había entregado una carta plastificada en pringue para que tomara mi decisión alimenticia no le hubiera animado a volver a su silla (“aquí se puede, no hay problema”), malbaratando, quién sabe si ya para siempre, el buen juicio que la señora había tenido.

Casualmente, el Gobierno acababa de dar esos días otra vuelta de tuerca al garrote vil con el que estrangula tan insana costumbre. Pronto no se podrá fumar en las terrazas ni en otros espacios abiertos, lo que, lógicamente (o no), no gusta al sector del tabaco, pero tampoco al hostelero, si hacemos caso a nuestro camarero particular y a quien le representa en su asociación nacional.

Dicen en esta última que las medidas del Gobierno son desproporcionadas porque siempre ha habido “una convivencia sana y pacífica” entre fumadores y no fumadores. Pacífica, claro, la paz corderil con la que la gente educada soporta a la que no tiene educación. Lo de sana, que baje Dios y lo vea; ni es sana para el cuerpo ni para el alma, pues las relaciones humanas basadas en el atropello no lo han sido nunca.

Tampoco les gustó en su día que se dejara de fumar en el interior de los establecimientos, delante de las croquetas y en la cara de sus empleados. Iba a ser la ruina del sector ¿Cuándo aprenderemos que el dinero fluye mejor en ambientes sanos y pacíficos de verdad, presos, únicamente, de la sensualidad de una tarde preotoñal?

Es una pena que solo unos cuantos con suerte podamos terminar el día en una terraza. El ministro Planas, por ejemplo, ha tenido que pasar media semana en el despacho, recibiendo a agricultores, pescadores y cooperativas que le presionan para que se niegue a aceptar la PAC de Bruselas, lo que hace con mucho gusto, porque negarse es tan fácil como decir que no hay prevista una disminución del presupuesto agrario, que es lo que ha dicho el comisario Hansen y el ministro ha tenido que escuchar en su otra mitad de semana.

Feijóo, que conste, también se niega a esa PAC que hacen los ignorantes de los despachos, incluso se ha ido al pueblo a demostrarlo y a prometer un libro blanco del medio rural. Lo van a coordinar cuatro destacadas mujeres de su partido que, mecagüen qué mala suerte, realizan su trabajo en despachos, alguna incluso en un despacho de Bruselas.

Pero no desconfiemos, aquí va mi primera propuesta para el libro blanco: una terraza en cada pueblo. Y a fumar, a las eras, que como ya no se trilla, no hay peligro de incendio.

Feliz semana.

PD. La Asociación de Periodistas Agroalimentarios de España (APAE) acaba de clausurar su séptima edición del título de Experto en Comunicación Agroalimentaria que ahora imparte con la Universidad de Córdoba. Un compromiso desinteresado de los periodistas y comunicadores de esta asociación con el sector agroalimentario. La octava empezará en enero y este mismo sector debería ir mandando alumnos ya. Es una de las mejores inversiones que puede hacer, de esas donde el valor y el precio no tienen nada que ver porque el segundo anda muy lejos del primero.

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