Replica, que algo queda. Cómo usar el derecho de rectificación

Les explico a los alumnos del Máster en Seguridad Alimentaria del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid que las personas y las empresas no están indefensas ante los errores de los medios de comunicación. Les cuento que existe el derecho de réplica o rectificación y apunto unas nociones sobre su ejercicio. Estamos tratando sobre la comunicación de crisis y les preocupa lo que ocurre con la imagen de las compañías cuando se enfrentan a una de estas situaciones y al inmenso caudal de información y opinión que aportan los medios llegado el caso. Hemos revisado algunas de las consecuencias y ciertos comentarios que la prensa alemana, por ejemplo, realizó sobre la agricultura española en la crisis de los pepinos.

Es cierto que la rectificación en situaciones así no es fácil, pero tampoco todas las crisis son tan virulentas ni todas las informaciones negativas desembocan en una crisis. También es cierto que la mayoría de los afectados por informaciones apresuradas, no contrastadas y de escasa veracidad no suelen ejercer su derecho de réplica. Muchas veces porque no conocen su existencia o funcionamiento; otras, porque no tienen ganas de problemas con un ‘enemigo’ mucho más poderoso. Ignoran, en este caso, que al periodista no tiene por qué importarle que le saquen de su error y que, en general, las correcciones justificadas a una información no son mal acogidas en las redacciones. El derecho de rectificación, por otra parte, no implica un proceso judicial proceloso y caro, salvo que la disputa (si la hubiere) se encone.

Pero como la información que facilité a los estudiantes no fue exhaustiva y creo que además el tema puede interesar a otras personas, vayan a continuación unos apuntes más precisos sobre el derecho de réplica y la forma de ejercerlo. Señalemos, para empezar, que aunque la veracidad informativa es obligada para los periodistas y los medios, no podemos presuponer su infalibilidad. Así que habrá que contar con que en ocasiones se equivocarán, a pesar de la diligencia profesional que se les exige.

¿Qué hacer, entonces, si una información errónea nos perjudica? Replicar, sin duda. Como he dicho, una rectificación argumentada y educada no será mal recibida por un profesional de la información. Veamos, pues, lo que cualquier ciudadano o empresa ha de tener claro:

1. El derecho de contestación, réplica o rectificación afecta a tres sujetos: el que es objeto de información; el que recibe la información (el público); y el que divulga la información. Este derecho iguala ante la ley a las personas y los medios de comunicación.

2. Pueden ejercerlo personas físicas o jurídicas, directamente o a través de representantes. También los herederos del perjudicado si este hubiese fallecido.

3. La rectificación debe limitarse a los hechos relatados en la información errónea y no tendrá una extensión mayor que la de esta, salvo que sea absolutamente imprescindible.

4. El escrito de réplica se enviará al director del medio dentro de los siete días naturales siguientes a la publicación de la información.

5. El medio deberá publicarlo de forma íntegra dentro de los tres días siguientes a su recepción, sin comentarios ni apostillas. El escrito habrá de tener además la misma relevancia informativa que se dio a la información inicial. Por ejemplo, si la noticia errónea ocupaba tres columnas de una página impar, el escrito de rectificación merecerá un tratamiento similar.

6. Si la réplica no es atendida por el medio como establece la ley, el perjudicado puede recurrir al juzgado de primera instancia que corresponda y, si llegara el caso, recurrir en amparo ante el Tribunal Constitucional.

Cabe indicar, por otro lado, que la rectificación siempre será gratuita (es un error muy común pensar que se debe pagar al medio por ello). Asimismo, debe entenderse que el derecho de rectificación no solo protege al directamente perjudicado por la información, sino también al público (que tiene derecho a estar bien informado) y al mismo periodista, pues le asiste el derecho a corregir su propio trabajo.

Replicando defendemos nuestra reputación, contribuimos a mejorar la información que el público recibe y fortalecemos la profesionalidad de los periodistas. Así que a replicar, que algo queda.

El máster va por su décima edición y tiene casi medio centenar de alumnos.
El máster va por su décima edición y tiene casi medio centenar de alumnos.

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