Esa incertidumbre llamada periodismo digital (y 2). Bajo el síndrome del burro-taxi

Expresadas mis dudas sobre el futuro del periodismo y el papel que puede desempeñar en la sociedad cibernética del siglo XXI, querría referirme en esta segunda parte a la cuestión del modelo de negocio para el periodismo digital. Recordando de nuevo las palabras de Elsa González, presidenta de la FAPE, empezaremos diciendo que “el modelo de negocio aún se resiste y se va creando sobre la marcha”.

No tengo que aclarar que no soy, ni de lejos, experto en la materia, pero como esta cuestión tiene, al menos por ahora, algo de alquimia, cualquier reflexión al respecto puede ser válida, porque la verdad sobre la misma no parece estar todavía al alcance de nadie que no cuente con algún as en la mano.

Palacio de Congresos de Huesca
La profesión periodística, ante la revolución digital.

En el congreso de periodismo digital organizado por la Asociación de Periodistas de Aragón (APA) pude apreciar cuatro modelos para el nuevo periodismo (no cuatro modelos de negocio, que eso es otra cosa) funcionando en la red:

  1. Migratorio. Es el realizado inicialmente por los medios tradicionales. Buscan más posicionarse en las redes que establecer un negocio digital propiamente dicho. En consecuencia, no tiene resultados económicos favorables. Ha cometido algunos errores importantes; por ejemplo, trasladar sus usos y vicios analógicos a internet y ofrecer gratuitamente su producto. Las apuestas grandilocuentes que se han hecho para enderezar el rumbo con un verdadero planteamiento digital no parecen arrojar todavía resultados. De momento, la redacción clásica es la que mantiene a la digital. Es el modelo de los grandes grupos y las empresas periodísticas consolidadas en el esquema tradicional.
  2. Romántico-inviable. Puesto en marcha por periodistas que aman su oficio y se han quedado sin trabajo o buscan alternativas al mismo porque sus condiciones laborales y/o el deterioro de la profesión hacen que no les satisfaga. Todos manifiestan realizar lo que les gusta y sentirse felices con su actividad, pero confiesan que no viven de ella. En general no aplican criterios mercadotécnicos y diríamos que se decantan por un periodismo puro que ignora las servidumbres del mercado. Se puede colegir que sus dificultades de tipo empresarial serán abundantes y probablemente insalvables. No parece un modelo a seguir si de comer se trata.

    peridodistas digitales
    El periodismo digital busca su modelo de negocio.
  3. De notables. Hay un periodismo digital que parece periodismo de verdad y que pinta viable. Son nuevos medios impulsados por periodistas de prestigio e inspirados en modelos de éxito en otros países. El as al que me refería es la reputación de los emprendedores, generalmente figuras conocidas y habituales en las tertulias de los medios tradicionales. Conquistan audiencia con su tirón personal, su oficio y, en algunos casos, su búsqueda de un periodismo, si no puro, sí honesto y en consonancia con la demanda de una ciudadanía indignada con el poder. Cauto en lo económico y arrojado en lo periodístico, crece poco a poco, pero está por ver cuál será su alcance verdadero.
  4. Burro-taxi. Que nadie se ofenda, pues esto no es más que un chiste bienintencionado y una forma gráfica de seguir con la metáfora de la entrada anterior y explicar, espero, el cuarto modelo. Este es, a mi entender, el que ofrece más posibilidades para las legiones de periodistas anónimos y desesperados que todavía aspiran a vivir de su pluma. Se encuentra ligado a negocios digitales no periodísticos pero que necesitan de un canal informativo que lleve tráfico (de ahí lo de burro-taxi) a la web del negocio. Si el canal informativo se trabaja bien, puede llegar a constituirse en un negocio en sí mismo, pero en principio su viabilidad depende de la capacidad que tenga para desarrollar el comercio al que da soporte. En este modelo, el periodismo corre el riesgo de quedar muy desdibujado y constituir una suerte de pseudoperiodismo cuyas funciones podrían recordar a las del periodismo clásico que residualmente quedaría en él (como las que residualmente podemos encontrar en los actuales burro-taxi y que nos recuerdan el papel que antaño cumplían estos animales).

En resumen, los medios tradicionales no lo tendrán fácil en internet porque a duras penas han adoptado los códigos de la red (salvo el de la información gratuita, que juega en su contra). El buen periodismo digital vendido en su propia arca no tendrá visibilidad ni público; si admite criterios empresariales y de márquetin, sabe interpretar a los internautas y cuenta con abanderados de postín, puede tener alguna posibilidad, pero en él no cabrán muchos profesionales. Los negocios no periodísticos y originalmente digitales (o bien trasplantados a lo digital) son los que más oportunidades van a dar al grueso de la tropa, porque necesitan contenidos de calidad para generar tráfico; otra cosa es que a eso, como a lo que hace Wikileaks, lo llamemos periodismo. El periodista híbrido informador-comunicador será, en este caso, el que más posibilidades tenga, porque sabrá combinar las necesidades informativas del público con las comunicativas de su organización.

El panorama, pues, no es muy bueno, teniendo en cuenta la crítica situación en la que se encuentra la profesión periodística. La mayoría de los modelos ensayados no funcionan; los pocos que lo hacen, crecen despacio; y donde el yacimiento es mayor, el periodismo posible ofrece dudas sobre su esencia. Es el caso del periodismo burro-taxi, que parece imponerse en un mundo digitalizado donde la información periodística pierde fuerza y quizá sentido en su concepción clásica y ha de reinventarse como instrumento al servicio de negocios no propiamente de periodistas.

Pero quienes no se conformen con esto harán bien en buscar alternativas, resquicios y oportunidades que seguramente les estarán aguardando. Solo tienen que poner un poco de razón en su proyecto romántico-inviable, quizá invirtiendo el modelo burro-taxi y creando un negocio no informativo vinculado a su sueño periodístico y del que viva este último. Solo es una idea, pero ahí queda.

Fotografías cedidas por la organización del XV Congreso de Periodismo Digital

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