¿Es buena la reforma de la PAC para Europa?

Mientras el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, va mandando apóstoles gubernamentales a todos los rincones de las españas para cantar las bondades del reciente acuerdo sobre la reforma de la PAC, la oficina del Parlamento Europeo (PE) en nuestro país también comunica sus buenas sensaciones al respecto. En este caso, convocando a una docena larga de periodistas para que dos eurodiputadas les ofrecieran su visión del asunto. Que los ministros del ramo se cuelguen medallas cuando se alcanza un acuerdo de este tipo venía siendo normal, lo novedoso es que lo haga el PE, pero todo tiene su justificación.

Ha sido la primera vez que el europarlamento participa en una reforma de la PAC en plano de igualdad con la Comisión Europea y los gobiernos de los 27, así que los europarlamentarios se sienten asimismo conseguidores del pacto y así lo transmiten; unos, claro, con más efervescencia que otros.

A la cita señalada acudieron Esther Herranz (PP) e Iratxe García (PSOE), las dos representantes españolas en la Comisión de Agricultura del PE. Ambas se mostraron satisfechas con el resultado, aunque García quiso evitar triunfalismos. No obstante, destacó la “intensa colaboración” establecida entre ambos partidos para componer un frente nacional . A pesar del resultado, a la socialista le quedó alguna “espinita”, como las relativas a la cuota láctea o la remolacha azucarera, o aquellas cuestiones que no se discutían en los trílogos (reuniones de las tres partes).

Esther Herranz, en el centro.
Esther Herranz, en el centro.

Herranz hizo más hincapié en los logros, quizá porque habló primero o quizá por ser compañera de Cañete. Se alegró de la flexibilización de la convergencia interna, de que el greening (medidas medioambientales) haya quedado “lo suficientemente light, del resultado en la cuestión de los pagos directos, de que los bodegueros puedan contar con campañas de promoción en el seno de la Unión Europea… En fin, que estaba contenta y se le notaba.

¿Un buen acuerdo? Para los negociadores españoles no hay duda, se trata de un buen acuerdo. Y para el sector tampoco mucha, podía haber sido mejor. Lo cierto es que las críticas, que las ha habido, no son muy fuertes y que desde el pragmatismo nacionalista que suele presidir estas rondas el desenlace no puede calificarse de malo. Ahora bien, casi siempre es así, ya se encargan los fontaneros del asunto de que, más o menos, todo el mundo se pueda ir a casa con algo que llevarse a la boca.

La estrategia es simple: la Comisión anuncia una reforma importante y lanza algunas propuestas para asustar al personal, los gobiernos se llevan las manos a la cabeza para escenificar su alineamiento con los pobres agricultores y ganaderos de su país, la negociación entra en los callejones sin salida habituales y, finalmente, llega un acuerdo al límite del plazo y del sueño. Todo el mundo (el mundo importante, se entiende) tiene argumentos para defender su gestión y Europa, por su parte, va limando poco a poco la PAC sin meter mano a los asuntos más sangrantes, que quedan para otro momento.

Iratxe García, segunda por la izquierda.
Iratxe García, segunda por la derecha.

¿Son buenos acuerdos? Si tenemos en cuenta que se trata de construir un espacio económico y de convivencia común, los frentes nacionales con los que se abordan estas negociaciones son la peor manera de enfocar el objetivo. Si tenemos en cuenta que se trata de construir un espacio equilibrado e igualitario, mandar a determinados países (los que no son el mundo importante) a casa con el rabo entre las piernas no es la mejor forma de lograrlo. Si tenemos en cuenta que la PAC está en entredicho y que la ciudadanía europea precisa argumentos de peso que la justifiquen, pasar por encima del greening (una de las principales demandas de la sociedad actual), mantener techos de percepción de subvenciones tan altos, no publicar las listas de perceptores, etcétera, quizá no ayude a que la gente entienda que el 40% de lo que aporta con sus impuestos vaya por este camino. Un camino donde solo el 25% de quienes reciben subvenciones es agricultor a título principal.

¿Es para ponerse medallas? Pues hombre, depende de lo que uno pretenda de Europa, pero no parece que desde un europeísmo convencido la cuestión sea para voltear campanas. La Unión, a tenor de lo que sus dirigentes hacen a diario y no solo ni principalmente por los asuntos agrarios, parece ir camino de la desintegración o la marginalidad. Si es esto lo que queremos…

Por cierto, ¿qué diremos ahora, cuando los consejeros de Agricultura, siguiendo el ejemplo de sus mayores, se tiren de los pelos en el reparto nacional?, ¿que sean responsables y miren por el bien común?

 

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1 comentario en “¿Es buena la reforma de la PAC para Europa?”

  1. Para los profanos en la materia, la PAC se nos antoja demasiado complicada para comprender sus mecanismos. Sin embargo, su influencia en la economía de nuestro país es enorme. Artículos como éste, accesibles a cualquiera, ayudan a desenmascarar las trampas que al fin y al cabo anidan en el corazón de una política dictada por oscuros intereses.

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